Qué Tenemos en la Boca ?


Qué tenemos en la Boca ?
Los caninos, o dientes puntiagudos y afilados; 8 incisivos, o dientes frontales; 20 molares y premolares. Los caninos se usan para desgarrar la carne.


 Si miramos dentro de la boca de un león o un tigre (animales cuyo principal alimento es la carne), veremos la boca llena de dientes caninos. Lo mismo es válido para perros y gatos. Estos animales tienen también tubos digestivos muy cortos. Sus dientes y sus intestinos son perfectos para el consumo de carne, que hace precisos dientes afilados y puntiagudos para desgarrar la carne animal, y tractos digestivos cortos para eliminar el alimento rápidamente.

Cuanto más tiempo permanece la carne en el intestino, más probabilidades hay de que se pudra y cause enfermedad. 
La evolución ha equipado bien a estos animales para sus hábitos alimenticios específicos. 
Las vacas no tienen dientes caninos, sólo tienen incisivos y molares, lo cual indica que su dieta está compuesta enteramente por materia vegetal, en este caso, hierbas y cereales. Los incisivos son largos, anchos y planos en su base, como el filo de un cuchillo para cortar verduras. Muerden y cortan. 
Las verduras y las frutas son las que mejor van para ese tipo de dientes. Los incisivos muerden los alimentos; no los muelen ni los procesan en la boca.
La principal función de los molares, que hacen la mayor parte del trabajo, es moler. Los alimentos con que trabajan mejor son los cereales y, en menor medida, las verduras. Cualquiera que haya tratado de comer un bistec sabe que los molares no pueden masticar totalmente la carne y hay que tragarla entera; baja como una bola de nervios. 
Puesto que los intestinos no tienen dientes, no están bien equipados para tratar esa bola. En consecuencia, la mayor parte del alimento de origen animal que comemos nunca se digiere totalmente, y un porcentaje de él ni siquiera se elimina de los intestinos. Queda allí pudriéndose, causando a veces enfermedades graves, entre otras, cáncer de colon. 
Las personas que comen carne con regularidad tienen un mayor nivel de amoniaco en la sangre y los tejidos. El exceso de proteína de la carne se descompone en nitrógeno, el cual forma amoniaco, una de las toxinas más potentes y destructivas del cuerpo. Deforma las células y el ADN, y puede causar cáncer. Huele mal también. Es el amoniaco el que produce el olor corporal y la enorme industria de desodorantes. 
Los cereales y las verduras, por el contrario, pueden masticarse totalmente; quedan molidos en trocitos pequeñísimos, más fáciles de ser digeridos en el estómago y los intestinos. Los cereales y las verduras tienen además el beneficio añadido de la fibra, que limpia de desechos a los intestinos. La fibra hace avanzar los desechos por el tubo digestivo, contribuyendo así a eliminarlos del cuerpo. La proporción ideal de cereales, verduras y alimentos de origen animal es de 5: 2: 1. 
La evolución nos ha predispuesto a comer una dieta compuesta de 5 partes de cereales, 2 partes de verduras y una parte de alimentos de origen animal o proteínicos. Esta es, esencialmente, la dieta de los pueblos más tradicionales. Donde quiera que mire en el mundo, verá la misma dieta general, ya sea en Asia, Europa, África, India, Oriente Medio o entre los indios americanos.
 En Asia, los cereales son el arroz integral, la cebada, el mijo y el trigo; en Europa, el trigo, la cebada, el mijo y la avena; en África, el mijo y el trigo; en India y Oriente Medio, principalmente el trigo; entre los indios americanos, especialmente de América del Sur y Central, sobre todo el maíz. 

Históricamente, los seres humanos han comido todo tipo de alimentos de origen animal. Sin embargo, las cantidades eran limitadas y se comían junto con cereales y verduras. Por lo general el consumo se reservaba para ocasiones y festividades, porque la provisión era limitada, sobre todo la carne de vacuno y cerdo. También los pueblos tradicionales de todo el mundo han comprendido que comer cereales y verduras produce longevidad, y que el consumo de alimentos de origen animal ha de limitarse para mantener la salud. 
Como he dicho, los dientes y la digestión están íntimamente ligados. 
Los japoneses, por ejemplo, desde hace muchísimo tiempo han sido consumidores de cereales, sobre todo de arroz. En consecuencia, los japoneses tienen un tubo digestivo mucho más largo que muchos pueblos occidentales, especialmente de aquellos cuyo consumo de carne ha aumentado durante las últimas generaciones.
 La aparición de los dientes en los bebés nos habla también del desarrollo de su digestión. Los primeros dientes que le salen a un bebé son normalmente incisivos. Su aparición indica que el bebé está preparado para tomar sopa de verduras. El desarrollo del aparato digestivo es aún limitado; todavía no pueden consumir alimentos enteros, como lo indica la ausencia de molares, necesarios para molerlos. 
Cuando aparecen los molares, los padres pueden aumentar la cantidad de alimentos enteros en su dieta. El primer alimento entero debería ser una papilla  de cereales muy líquida. Cuando el bebé tiene todos los dientes, ya está preparado para ser destetado y para consumir mayor cantidad de alimentos enteros.
 Por supuesto, el consumo de sal deberá limitarse en los bebés y niños. Las verduras deberán cocerse sin sal para los niños pequeños, y la sal sólo se introducirá en cantidades pequeñas cuando ya ha pasado de los cinco años.
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Del libro Cómo leer el Cuerpo

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