El Azúcar Sin Refinar



 La historia publicitaria de las compañías azucareras empezó en Gran Bretaña en 1808, cuando el comité de las Indias Occidentales expuso ante la Cámara de los Comunes que se
había ofrecido un premio de veinticinco guineas a quien inventase el experimento más satisfactorio para probar que el azúcar sin refinar es bueno para alimentar y engordar a bueyes, vacas, cerdos y corderos. 
 El alimento para los animales, que a menudo depende de las  estaciones y cosechas, es siempre caro. El azúcar en esa época era baratísimo.
 La gente no comía azúcar lo suficientemente aprisa. Los cerdos prosperan comiendo basura, porque saben lo que les conviene. Los corderos tampoco son tontos. 
Cuando por primera vez introdujeron fertilizantes artificiales en Gran Bretaña, un granjero muy escéptico dividió en dos su pradera más grande. Había oído toda la propaganda científica alemana sobre las maravillas de los fertilizantes químicos, pero mantenía algún respeto por la inteligencia e instinto de sus amigos cuadrúpedos. 
Aquel otoño utilizó el nuevo producto en la mitad de su pradera; en la otra mitad utilizó compost corriente. En la próxima primavera, sacó la línea que dividía las dos mitades y dejó que sus ovejas comieran a su gusto. En pocos días todas estaban pastando en la tierra abonada con abono natural. 
Para él esta fue una evidencia científica suficiente. No volvió a utilizar fertilizante químico.


 Sir Frederick Banting, co-descubridor de la insulina, observó en 1929, en Panamá, que entre los dueños de los ingenios de azúcar que comían grandes cantidades de su producto refinado, la diabetes era muy frecuente. Entre los cortadores de caña nativos, que sólo masticaban la caña cruda, no encontró casos de diabetes. Naturalmente, el intento de alimentar ganado con azúcar y melaza en Inglaterra en 1808 fue un desastre. 
Cuando el Comité de las Indias Occidentales presentó su cuarto informe a la Cámara de los Comunes, un miembro del Parlamento, John Curwin, informó que había intentado sin éxito alimentar con azúcar y melaza a sus vacunos. Y sugirió que quizás alguien debería intentarlo de nuevo mezclando azúcar y melaza en la leche desnatada que se da a los animales. Si esta sugerencia hubiera resultado, podemos estar seguros de que los azucareros de las Indias Occidentales habrían difundido la noticia alrededor del mundo. 
Tras este evidente fracaso en el intento de alimentar las vacas con azúcar, los azucareros desistieron. Con un celo impertérrito por aumentar la demanda del producto agrícola más importante de las Indias Occidentales, el Comité de las Indias Occidentales se redujo a adoptar una táctica que los comerciantes azucareros han utilizado durante casi doscientos años: tontos testimonios irrelevantes y transparentes dados por personas inaccesibles con cierto tipo de credencial científica. Un temprano observador los calificó de “conciencias alquiladas”. 
El Comité de la Cámara de los Comunes estaba tan falto de gente apoyando la cuestión del azúcar, que se limitó a mencionar a un lejano doctor de Filadelfia, el líder de la reciente rebelión colonial de Norteamérica: “Según informes, el gran doctor Rush de Filadelfia ha dicho que el azúcar contiene más nutrientes por igual volumen, que cualquier otra substancia conocida”. Al mismo tiempo, el mismo doctor Rush estaba predicando que la masturbación era la causa de la locura. Si tal información tortuosa fuera citada, podemos estar seguros de que ningún veterinario en Gran Bretaña recomendaría azúcar como alimentación vacuna, porcina u ovina.

 Mientras estaba preparando su volumen crucial Una Historia de la Nutrición, publicado en 1957, el profesor E.V. McCollum, de la Universidad de John Hopkins (considerado el más prestigioso especialista en alimentación de Norteamérica, y ciertamente un pionero en su campo), revisó unos 200.000 informes científicos publicados, anotando los experimentos con alimentos, sus propiedades, forma de utilización, y efectos sobre diversos animales y el Hombre. 
El material recogido cubría el período desde mitad del siglo dieciocho hasta 1940. De este gran compendio de investigación científica, McCollum seleccionó los experimentos que creyó relevantes para relatar la Historia del Progreso en Descubrir los Errores Humanos en este Segmento de la Ciencia de la Nutrición. 
El profesor McCollum descarta enumerar un solo experimento científico controlado con azúcar entre 1816 — cuando se inspiró el profesor Magendia con los náufragos de 1793 y dio azúcar con agua a perros que murieron a causa de la alimentación inadecuada en su  laboratorio — y 1940. Aunque no menciona las primeras advertencias médicas sobre el azúcar dadas por autores médicos como Rauwolf, Willis y Hurt, el buen profesor tenía tiempo y espacio para registrar toda esta costumbre de apoyar el consumo de azúcar que aún no ha cambiado hasta nuestros días: “El eminente médico Sir John Pringle ha observado que la plaga nunca se conoció antes en cualquier país donde el azúcar es una parte material de la dieta de sus habitantes”.
 De qué tipo de plaga o enfermedad se trata, ninguno de los dos escritores lo ha indicado. 
Thomas Thompson escribe en 1838: “El azúcar se ha convertido en parte esencial de la alimentación europea. Quizá contenga una parte mucho mayor de elementos nutritivos que cualquier otra substancia vegetal en igual volumen. Si creemos al Dr. Rush, el consumo abundante de azúcar es uno de los mejores preventivos de enfermedades causadas por lombrices. Durante mucho tiempo se ha creído que perjudica a la dentadura, pero este temor ya se ha descartado” (Enfatización agregada). ¿El profesor McCollum nos estará diciendo que todo está OK? ¿Nos está diciendo que doscientos años de ciencia han errado? 
Si el azúcar puede matar a perros, como parece probado por el profesor Magendie, evidentemente tendría que poder matar lombrices. No ha habido lepra en Ashtabula, Ohio, desde que se estableció en 1922 allí una planta de Coca-Cola. ¿Por qué no convertir esto en una prueba científica y pagar a algún médico para que lo cite en el Ladies’ Home Journal? 
Desgraciadamente, debemos recordar que los científicos de hoy, y de siempre, no consiguen progresar sin un patrocinador. Los hechos científicos oficiales — que se distinguen de los sencillos hechos cotidianos como el del granjero británico que experimentó el nuevo fertilizante con sus ovejas — son costosos. 
Los protocolos de la ciencia moderna incluyen los costos de la investigación científica. No tenemos por qué sorprendernos cuando leemos la introducción del libro de McCoIIum Una Historia de la Alimentación, y leemos que “el autor y los editores están en deuda con The Nutrition Foundation, Inc., por la subvención otorgada para cubrir una parte de los costos de publicación de este libro “. ¿Uno puede preguntarse qué es la Nutrition Foundation, Inc.? El autor y los editores no lo dicen. Resulta que es una organización creada para la promoción de los conglomerados más importantes del negocio de la alimentación, entre los que se incluye la American Sugar Refining Company, Coca Cola, Pepsi Cola, Curtis Candy Co., General Foods, General Milis, Nestie Co. Inc., Pet Milk Co. y Sunshine Biscuits, alrededor de unas cuarenta y cinco compañías en total.
 Quizá lo más significativo respecto a la historia de McCoilum, publicada en 1957, es lo que excluyó: un monumental trabajo anterior descrito por un eminente profesor de Harvard como “una de las piezas fundamentales de investigación de nuestra era que hace que todos los demás investigadores quieran darse cabezazos contra la pared por nunca habérseles ocurrido lo mismo“.
Es el azúcar tan sano como lo han vendido ? Usted qué piensa ?



Del libro Sugar Blues - William Dufty

Comentarios

saludpublicaaragon ha dicho que…
Es fundamental el control de consumo de azucares. Por el otro lado con el crecimiento del negocio de la farmacia online el consumidor tiene acceso a un mercado de complementos alimenticios que le ayudan a mantener su equilibrio nutricional.